La brillantez matemática de un claustro: anamorfosis de La Trinita

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En alguna guía turística de Roma leemos que en la obligada vista a la escalinata de la Plaza de España no es necesario visitar la iglesia que la corona: La Trinidad de los Montes. Quizá la Iglesia no sea imprescindible pero si lo es el convento.

El claustro no se visita más que con cita previa, y en francés (está atendido por una congregación francesa de amables monjas)

El convento desde su origen en 1495, y hasta la revolución francesa, perteneció a los Mínimos de San Francisco de Paula, que lo tomaron como centro de estudios, especialmente de matemáticas.

El padre Juan Francisco Niceron, célebre matemático del XVII, ejecuta dos espectaculares frescos anamórficos en la segunda planta del claustro. Uno, en restauración, representa a San Juan, y el otro a san Francisco de Paula y un paisaje de su Calabria natal. Cada fresco tiene más de cinco metros de largo.

Son imprescindibles. ¡Y no es lo único del convento!

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Una respuesta to “La brillantez matemática de un claustro: anamorfosis de La Trinita”

  1. Teresa Cabarrush Says:

    Se observa que son preciosos los frescos, algunos ” padres” si sabían de la vida, los mejores Consejeros…en la obra de Pedro Antonio de Alarcón ” El Escándalo” aparece uno de ellos, preciosa y fascinante obra literaria.

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