Museo Naval de Madrid

Una entrada pequeñita por el edificio nuevo y una estrecha escalera nos conducen a la zona del antiguo Ministerio de Marina, allí empieza el espectáculo. El museo Naval es un auténtico paraíso para  el aficionado a las maquetas de los barcos que conectaban la metrópoli con su imperio.

La navegación despegó, y pudo alejarse del litoral cuando el desarrollo de la cosmografía matemática lo permitió. Si ha habido un momento que la matemática española estuvo en cabeza fue con los tratados de navegación. La formación de patrones, en la Casa de Contratación y después en la Academia de Matemáticas de Juan de Herrera mantuvieron la Cosmografía Imperial en un gran nivel: no solo la lengua es compañera del imperio, también la navegación matemática.

Los dos pilares de la narrativa en castellano estudiaron cosmografía: Cervantes y Lope.

El segundo momento áureo de la marina tuvo que esperar a Jorge Juan y Antonio de Ulloa, los jóvenes que participaron en la expedición al Ecuador para medir el meridiano.

En el Museo nos quedan restos tanto del esplendor como de los imprescindibles instrumentos matemáticos: astrolabios, cuadrantes, sextantes, ballestinas o apuntadores.

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