La Adoración de Velázquez en el Prado

La Adoración de los Reyes Magos de Diego Velázquez es una obra de juventud, de la etapa sevillana, pintada con apenas 20 años. Los Reyes Magos son Pacheco -suegro y maestro- y el propio pintor. Se suele citar que el niño podría ser la hija de Velázquez.

Frente a Las Mininas es una obra menor, aunque el pintor sevillano ya dé muestras del nivel que iba a alcanzar: ser el indiscutible número uno de nuestra pintura.

Cuándo se estudió la biblioteca de Velázquez nadie se sorprendió de la abundancia de tratados geométricos y de perspectiva. El barroco no renuncia a los logros matemáticos del arte renacentista.

Señalamos está pintura porque las dimensiones de la tela son áureas (204 cm × 126,5 cm), pero además el niño, donde se concentran las miradas está situado en el cruce de las divisorias para construir los subrectángulos áureos. Luz y simetría se unen para que el espectador centren su visión en un punto.

Son áureas las razones de la altura al ancho del lienzo, de este ancho con la distancia de la cara del niño al marco superior, y de esta última al marco izquierdo. Tres razones áureas para conducir la mirada del espectador al Niño.

Nos hemos permitido la irreverencia de superponer al cuadro una cruz áurea para comprobar la afirmación.

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Una respuesta to “La Adoración de Velázquez en el Prado”

  1. Teresa Cabarrush Says:

    Luz y simetría, razones aúreas, centrar la visión…los dulces secretos que nos dejó el pintor, la sublime alma…escondida entre ciertas voluntades.

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