Las Meninas

Velázquez  fue un hombre culto. Su biblioteca pone de manifiesto su gran conocimiento de los tratados de geometría, pintura y perspectiva del Renacimiento. Cuando Diego Velázquez quiere utilizar una proporción lo hace sin engaños, de forma manifiesta.

Las Meninas está en la cumbre de la pintura. Su contemplación produce desasosiego, ¿Cómo una escena tan plácida, tan hogareña, puede decir tanto? Una obra así desata las especulaciones: queremos ver secciones y espirales áureas, constelaciones y todo lo que nuestra imaginación descontrolada nos señale.

Creo que no está mal buscar regularidades en cualquier obra, estructuras que nos ayuden en la contemplación y en la interpretación. Lo que no podemos es encajar con calzador lo que no hay: matemáticamente hablando, las Meninas son un buen cuadro de perspectiva y de reflexiones, pero su magia no reside en ello, sino en una composición y plasmación genial, con la que culmina la renovación pictórica moderna iniciada en Italia y Flandes.

Es curioso ver artículos como el de la Wikipedia que en español habla de espirales áureas y en inglés de cuadricula 4×7. Cuadricula seguro que hay, ningún pintor de la época hace una obra monumental sin cuadricular el bastidor. Forzar áureos siempre es posible pero no necesario.

La mitad del cuadro la ocupan los personajes y la otra mitad la atmósfera, el espacio se siente. Velázquez ha creado dos zonas iluminadas: la infanta Margarita y el punto de fuga en la puerta del fondo. La iluminación nos resalta al aposentador José Nieto pero el punto de fuga son los ojos del espectador.

Si queremos formar parte de la obra tenemos que situarnos perpendicularmente al cuadro con nuestros ojos alineados al pecho de José Nieto. Una vez encontrando el punto, dejémonos llevar por el misticismo de la capacidad humana para generar belleza tanto en matemáticas como en el arte, que a veces van de la mano y otras en paralelo.

En todo caso, incorporo una imagen con el punto de fuga y algún rectángulo áureo como referencia.

6 comentarios to “Las Meninas”

  1. Teresa Cabarrush Says:

    Este gran cuadro como magnífico artículo se merecen algunas palabras, aquí van, dar valor y gratitud a lo que lo merece, se debe demostrar, así lo creo.

    Valioso del todo, eso sin engaños: ” Cuando Diego Velázquez quiere utilizar una proporción lo hace sin engaños, de forma manifiesta”, sólo los virtuosos pueden demostrar ” lossinengaños”, es el tiempo el mejor pintor que desvela las verdades o mayor juez de la autenticidad tapada durante muchos años…sale a la luz como por arte de magia espontánea, ¿ quizás?.

    Deberiamos aprender a llevar bien el tema de las proporciones, porque estamos tan desproporcionados que no nos hemos dado cuenta de ello.

    Si el Señor Velázquez pudiera decirnos su secreto: ” ¿Cómo una escena tan plácida, tan hogareña, puede decir tanto?”. Si es verdad que a veces queremos ver hasta lo que no hay, y otras ” Hay” y no las vemos o no las entendemos.

    Cuando hablamos de las regularidades e irregularidades así como la ortodoxia y heterodoxia, ¿ qué es cada cual? ¿ Una se convierte en la otra o no?.

    ” El espacio se siente”, así lo quería el pintor posiblemente. La iluminación y el misticismo…se deja iluminar en el cuadro, a veces la luz ¿ dónde la ubica el pintor? ¿ de forma clara o nó?.

    Posiblemente he dejado a Sol Gabetta en este blog, pero si la repito no creo que pase nada, se la dejaré para la Infanta Margarita.

  2. Teresa Cabarrush Says:

    Mi pregunta es si Diego de Velázquez o el Greco estuvieran en la actualidad, ¿ qué pintarían? o más importante ¿ a quiénes pintarían y cómo?.

  3. Teresa Cabarrush Says:

    Estimado Señor Requena, ¿ puedo pedirle si podría exponer cualquier cuadro ( el que Usted quiera) de Nicolas Poussin y ver qué figuras geométricas tiene?. Gracias y Saludos afectuosos. Teresa.

  4. angelrequena Says:

    Tomo nota Teresa. Hasta ahora Nicolas Poussin solo ha salido en esta bitácora a través de Laurent de La Hyre, uno de los clasicistas franceses que reciben su influencia. Me pongo a ello. Saludos.

  5. angelrequena Says:

    En tiempos de Velázquez se dependía del cliente o del mecenas. Nobleza, alto clero o Casa Real permitían vivir a los pintores ante el escaso desarrollo de la burguesía en España. En los centros económicos como Flandes, Holanda o Nuremberg nos encontramos con otra pintura pagada por austeros comerciantes.

    En todo caso el gran artista aprovecha cualquier oportunidad para mostrar su libertad y escapar de las limitaciones del mercado o el encargo.

    Personalmente, tuve que recomponer mi visión de Murillo tras una monográfica de hace muchos años en El Prado. Murillo era mucho más que el pintor dulzón de las Inmaculadas de las iglesias: la realidad social de la pobreza y la picaresca de la España decadente se filtraba en su obra.

    No sabemos qué y para quién pintarían hoy esos gigantes pero si sabemos hasta que punto obsesionan e influyen en pintores contemporáneos como Dalí.

  6. Teresa Cabarrush Says:

    Gracias por tan grata explicación, Señor Requena, si es verdad que siempre dependían en cierta manera de los Mecenas, de sus contribuciones dinerarias, y dentro del poco margen los grandes pintores daban rienda a su libertad creativa con sus propias convicciones, al mismo tiempo me pregunto…¿ habría mecenas que fueran virtuosos y comprendieran “Esa libertad” del artista, no?, me imagino o quiero imaginarme que también ciertos mecenas tendrían buenos corazones, en todos los lugares hay de todo.

    Gracias por su atención a Nicolas Poussin. Saludos Afectuosos. Teresa.

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