Sabores agridulces en Bletchley Park

Quizá la primera guerra mundial fue la de los químicos y la segunda la de los físicos y matemáticos. Hay guerra en los frentes y también en la retaguardia. En Bletchley Park se libró la batalla por el desciframiento de la maquina Enigma, la encubridora de los mensajes del ejercito alemán.

La gesta del descifrado tiene un nombre: Alan Turing, el matemático homosexual que termina su vida trágicamente, perseguido y condenado por la Inglaterra a la que tanto ayudó. Muy poco más tarde se cambiaron las leyes, pero a Turing le llegaron tarde.

Quien viaje al aeropuerto de Londres – Luton puede desviarse -no mucho- al pequeño paraíso de Bletchley donde se ha instalado un museo de la computación. Un grupo de voluntarios ha reconstruido una bomba, la calculadora electromecánica que utilizaba Turing para completar los cálculos.

El atractivo turístico tiene mucho de ensoñación: si vemos a alguien haciendo jogging tengamos un recuerdo por el desventurado Alan que tantas veces anduvo por estos lugares.

La película Enigma cubre la época de gloria de Bletchley Park y es muy recomendable.

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Una respuesta to “Sabores agridulces en Bletchley Park”

  1. Teresa Cabarrush Says:

    ¡Pobre Señor Turing!, la vida es muy traicionera. Veremos la película.

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