El templo de Torres Quevedo en Madrid

Por fortuna el exabrupto de Unamuno que inventen ellos no ha tenido aplicación universal en este país. No solo la charanga y pandereta han dominado las mentes del solar patrio. La superstición y la arrogancia han intentado ahogar la creatividad pero el espíritu una vez más se nos revela libre.

En los semisótanos de la Nueva Escuela de Caminos de la Ciudad Universitaria de Madrid, entre laboratorios y talleres, han encontrado cobijo los restos del Laboratorio de Automática de Leonardo Torres Quevedo.

En una época se erigían laicos templos a la razón, a los prohombres que iluminaban con la ciencia el camino de la humanidad. En España esos templos son casi catacumbas, como muestra nos fijamos en este refugio de las  esplendidas reliquias de un inventor genial cuya obra requeriría mejor emplazamiento. Mientras, agradecemos calurosamente a la Nueva Escuela donde Don Leonardo estudió que haya acogido página tan importante de la inventiva española de inicios del siglo XX.

Previa solicitud de la llave, con generosa confianza y algunas indicaciones, podemos contemplar a nuestras anchas la maquina para resolver ecuaciones polinómicas y de fracciones algebraicas, el husillo logarítmico del que hemos hablado, e incluso una esplendida maqueta del trasbordador del Niagara que todavía permanece en uso.

Bellos paneles y buenas instrucciones nos explican los desarrollos matemáticos que Torres Quevedo resolvió con la mecánica.

La soledad del lugar -cuando no hay clases- favorece el éxtasis ante estas maravillas de creatividad. Dispóngase el visitante a disfrutar como en pocos sitios. A la salida alguien ha guardado viejos instrumentos de cálculo y reglas logarítmicas en un estante, no olvidad su contemplación.

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3 comentarios to “El templo de Torres Quevedo en Madrid”

  1. Interesantísimo y agradable como siempre. Sigo puntualmente sus actualizaciones que van siempre para mejor, aunque todas son espléndidas e inmejorables. Gracias. Suyo, afectísimo, D

  2. angelrequena Says:

    Gracias David por el ánimo: lo disfruto y lo comparto.

  3. […] al Museo de la Biblioteca Nacional, y el husillo sin fin de Torres Quevedo suele no moverse de su templo-catacumba de la Escuela de […]

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