Los orígenes de la grafía de los números en el Louvre

La sección mesopotámica e iraní del Museo del Louvre es un buen lugar para conocer los orígenes de la grafía de los números y del sistema de numeración sexagesimal que hoy todavía pervive.

Conforme la civilización se va haciendo compleja y se hacen intercambios comerciales monetarios los números se hacen imprescindibles. La utilización de la cerámica, un material de buena conservación, hace de Mesopotamia un lugar privilegiado para conocer como se va transformando la simbolización.

Las piezas más antiguas (anteriores al cuarto milenio a.C.) son bolas de terracota que encierran dentro los calculi de distintas formas que asignan el valor por adición. Estamos ante un sistema de numeración de forma tridimensional pero sin grafía. Para saber la cantidad se rompe la bola. El paso siguiente fue marcar en el exterior el contenido: los números se marcan sobre una superficie esférica bidimensional. El paso a la tablilla plana y la supresión de la bola fue el avance definitivo del tercer milenio a.C.

Varias bolas expuestas, finamente decoradas con su contenido numérico, muestran la evolución.

Una tablilla sumeria (circa 2350 a.C.) en perfecto estado de su escritura cuneiforme permite apreciar la notación sexagesimal plenamente desarrollada. Los círculos valen 10, la D grande 60 y la D más pequeña es la unidad.

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