Matemáticas del Medio Oriente en el Louvre

En el inmenso Museo del Louvre siempre quedan rincones por explorar. Una de esas zonas marginales es el sótano dedicado a Oriente Medio, de Egipto a Irán. Desde la geometría decorativa a los objetos matemáticos: todo merece la pena.

Dedicamos nuestra atención en primer lugar a un gran compás de proporción en latón iraní de inicios del siglo XVIII. Las líneas permiten hacer cálculos basados en el teorema de Tales y otras operaciones con escalas cuadráticas y cúbicas, siguiendo el modelo del Compasso geometrico e militare de Galileo. La grafía son los números arábigos orientales. El compás muestras como se ha invertido el sentido de la comunicación científica: hasta el siglo XVI la transmisión era de oriente hasta occidente.

Otro objeto de precisión es la esfera celeste de Isfahán del siglo XII. Las estrellas tienen el tamaño de su brillo aparente.

La decoración geométrica a base de pentágonos tiene un observatorio privilegiado en la colección de puertas del siglo XIV de la mezquita cairota de al-Meridini. Las puertas muestran por detrás su complejidad formal. El pentágono no es teselación pero los artesanos encontraron la forma de incorporarlo a los diseños.

De igual forma, los azulejos iraníes del siglo XV con forma de pentágono se complementan con octógonos cóncavos para teselar.

5 comentarios to “Matemáticas del Medio Oriente en el Louvre”

  1. ¡Preciosos azulejos!, de azul…la Estrella con manto azul es la mejor, primero Ella y tras ella las demás estrellas pequeñas, que en lo alto brillan exactamente y de forma precisa. Siempre quedan rincones por descubrir.

    ¡Son esos cálculos que no entiendo pero me gustan!.¡ Que misterio dulce el encuentro entre el verdadero y sublime cálculo con lo no calculado!. ¿ A caso lo entendemos tan siquiera…?, no hace falta.

  2. Las elecciones matemáticas son muy intrínsecas, del muy interior y lo más maravilloso es que al final salen a la claridad. al igual como el águila levanta el vuelo por los cielos en plena libertad.

  3. Francisco de Aldana: Al Cielo.

    Clara fuente de luz, nuevo y hermoso,
    rico de luminarias, patrio Cielo,
    casa de la verdad sin sombra o velo,
    de inteligencias ledo, almo reposo:

    ¡oh cómo allá te estás, cuerpo glorioso,
    tan lejos del mortal caduco velo,
    casi un Argos divino alzado a vuelo,
    de nuestro humano error libre y piadoso!

    ¡Oh patria amada!, a ti sospira y llora
    esta en su cárcel alma peregrina,
    llevada errando de uno en otro instante;

    esa cierta beldad que me enamora
    suerte y sazón me otorgue tan benina
    que, do sube el amor, llegue el amante.

  4. El conocimiento matemático por ejemplo lo puede tener cualquiera desde un Rey hasta un mendigo, como la obra de Mark Twain, no tiene una vestimenta concreta.

  5. ¡Hermosas puertas!

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